miércoles, 8 de enero de 2025
Los Fittipaldi de Tapalqué (3era Parte)
martes, 24 de diciembre de 2024
Colaboración de Nano Fittipaldi
Recibimos una colaboracion de Nano y la publicamos. Siempre es un placer leerlo. ¡Gracias Nano! (GSF)
Venas
abiertas y anónimas

Me
pareció tan íntimo que no quise pedirle una foto.
Hay encuentros que uno ni sueña, ni espera, ni merece.Se van guardando en la caja fuerte del corazón los más lindos recuerdos. Algunos, como los que se recibieron en la juventud a través de lecturas que te dejaban obnubilado, con un antes y un después tras la revelación, están guardados más a flor de piel, no tan escondidos.
En
este caso, la ilustración de la tapa de un libro y su contenido marcaron casi
una década entera de viajes, búsquedas, extravíos, accidentes y suerte. Quizá
los años más lindos y arriesgados de mi vida.
La
tapa de la edición que conseguí entonces era la del mapa de Latinoamérica con
un cuchillo ensangrentado clavado en su vientre, en su Amazonas. Las páginas
contenían toda la información seleccionada sobre lo que se había hecho con el
continente, sus responsables y sus consecuencias. Era como un libro sagrado
para iniciados.
El
diseño lo usamos incluso en el ’83, en Bogotá, durante unas manifestaciones en
la Universidad Nacional. Yo había llegado vendiendo artesanías y me habían
adoptado como a un estudiante más. Vendía al lado de donde siempre ardían un
par de colectivos.
Ha
pasado tanta agua bajo el puente que ni el puente, ni el río, ni yo somos los
mismos. He recorrido tantas veces el paisito, le debo tantas alegrías… Recuerdo
haber entrado al backstage del Centenario como periodista, con un carnet
improvisado, en la primavera del ’84, el día que Zitarrosa llegó al país desde
el exilio. Cataratas de sentimientos. Yo, con 21 años y una camarita casi de
juguete, le di tanta compasión a don Alfredo que, mientras trataba de
enfocarlo, se me acercó pálido y sonriente, y me tapó paternalmente la lente
mientras yo jugaba al reportero. Los que estuvieron aquel día saben lo que fue
aquello.
Esos
recuerdos también están por dentro, porque en esos viajes las pocas cosas que
se tenían se perdían. Las cosas eran materiales, tenían cuerpo, se guardaban en
bolsillos o morrales de viaje, y se extraviaban en borracheras, olvidadas o
robadas, sin ser analógicamente reveladas.
Dos
o tres años después, estaba vendiendo artesanías en La Paloma, una tarde
apacible y cálida. Se para frente al puesto aquel hombre alto y parsimonioso
que fue Daniel Viglietti. Se quedó conversando campechanamente. Yo quería
saberlo todo: dónde había compuesto la canción de las hormiguitas, cómo era
todo en los años ’60. Y se explayaba, dejándome encantado. La canción, me
contó, la había compuesto camino a alguna ciudad de Alemania, tirados atrás en
una furgoneta. En los años ’60 y ’70, frecuentaban Cabo Polonio. Ya entonces,
un par de nombres hermosos y sus libros eran parte de aquello: Haroldo Conti y
Eduardo Galeano.
Tantos
años después, aquel joven que fui, un pueblerino que no hablaba un solo idioma,
regresaba igual de curioso al paisito a escuchar sus Llamadas,Candombe de mucho
palo, Adiós Juventud, su Ciudad Vieja.
Fuimos con mi hija menor y mi sobrina. Una noche en Montevideo, la 18 no tenía
casi vida y entramos al café frente al teatro Solís. Había unas diez personas y
nos sentamos. Yo quedé mirando a un rincón y distinguí, sin jamás haberlo visto
pero con total certeza, a la persona que estaba sentada con un grupo de
brasileños y una pila de libros. No comenté nada. Al lado había otra pareja de
brasileños y, detrás, vaya casualidad, una pareja mayor de daneses.
Me
asombré y me regocijé al poder entender, si paraba la oreja, a todos los que
estaban. Si bien seguía con mis lagunas, podía jactarme de ser analfabeto en
cinco idiomas. El tiempo no había pasado del todo en vano. Me di cuenta de que
la pareja de daneses también sabía quién era la persona del rincón. Prestaban
atención y hablaban sin percatarse de que yo los entendía.
Ese
mismo día había terminado de leer Sudeste. Al autor lo quería como a un
hermano o amigo desde que lo descubrí y siempre maldije que, viniendo de
pueblos tan parecidos, ningún profesor jamás lo hubiese nombrado. Pero bueno,
convengamos que en mi secundaria ni siquiera nombraron a Borges, menos a
Cortázar, Sábato, Soriano, ni al mismísimo Gabo o Vargas Llosa. Recitábamos el Cid Campeador de memoria. Nada de
Lugones, quizá algo de Hernández.
El
señor se levantó, tomó sus libros y, para salir, tuvo que pasar al lado de
nosotros. Tomé coraje y, con todo respeto, le pregunté:
—Disculpe,
Eduardo, ¿usted conoció a Haroldo Conti?
Confieso
que se me llenan los ojos de lágrimas con el recuerdo. Frenó y me abrazó. Me
contó que todavía sentía culpa por no haberlo podido ayudar, que el próximo era
él, que tuvo que irse, que lo visitaba en el Tigre, que era el que mejor había
escrito sobre el agua… Haroldo era navegante y tenía un velerito. Nunca
constaté si con el logró llegar a La Paloma, a Balizas o por donde pudiese
anclar o amarrar en las cercanías de la Pedrera, unas costas traicioneras que
supieron tener en vilo al mismísimo Garibaldi tantos años antes. Me imagino que
sí.
Sus
ojos claros estaban llenos de lágrimas. Cuando se fue, los daneses quisieron
hablar con nosotros. Resultó que se trataba de Niels Lindvig, un periodista al
que yo solía escuchar en P1 Orientering. De casualidad, dos personas con
muchísima erudición sobre temas similares habían estado en el mismo lugar en el
mismo momento.
No
me imaginé que pudiese estar enfermo. Creo que él ya lo sabía. Al cabo de unos
pocos meses, en Århus, estaba escuchando P1 y le dieron la palabra a Niels
Lindvig.
Dio la noticia de la muerte de Eduardo Galeano,
con muchos datos certeros y sin comentar aquel encuentro reciente.
Apagué
la radio y seguí trabajando.
domingo, 11 de agosto de 2024
Los Fittipaldi de Tapalqué (2da Parte)
Los Fittipaldi de Tapalqué (2)
San Severino Lucano - Italia
¿Quién fue Camilo Benso, Conde de Cavour?
La tierra prometida
La ley 817 de colonización
Una cena con los Lucanos en la ciudad de La Plata
Impresiones de quienes han visitado San Severino Lucano
SAN SEVERINO LUCANO
POBLACION
Conociendo San Severino Lucano
domingo, 14 de abril de 2024
Los Fittipaldi de Tapalqué
Los Fittipaldi de Tapalqué (1)
![]() |
Estaba en la caja de fotos de la tía Gregoria Orlando (abuela de Beba). Por favor si alguien reconoce a alguno de los presentes, enviar su nombre a gladisfitti2@gmail.com |
Los Fittipaldi - Capdevila
![]() |
Antonia y José |
José Artista Fittipaldi y Antonia Capdevila, se casaron en la iglesia San Gabriel Arcángel de Tapalqué el 20 de febrero de 1920. Tuvieron 8 hijos, de los cuales soy la menor, (aunque ya peino canas) y una bella historia familiar que intentaré contar. En esta incursión al pasado encontré en algunos libros de historia detalles interesantes sobre los inmigrantes del sur de Italia que intentaré ir incorporando en el transcurso del relato. Para empezar diré que los inmigrantes italianos que vinieron del sur y llegaron a Tapalqué, lo hicieron desde San Severino Lucano, una pequeña y bella población situada en Pcia de Potenza, región Basilicata, Italia.
![]() |
Marica y sus 8 hijos |
![]() |
Mela, José, Chicha, Berto, Cata, Chin y Juanita |
![]() |
Marica, Chín, Juanita y Gladis |
Retrocediendo en el tiempo
Los Fittipaldi
![]() |
Filomena Lanaro e hijas, Pablo y Vicente |
![]() |
Coco Fittipaldi y su violín |
![]() |
Juan y Rosita |
Los que vinieron de Italia
El primero en llegar a Tapalqué fue Domingo Fittipaldi quien a los pocos años trajo a sus hermanos Joaquín, Vicente y Severo. Algunos como Joaquín se habían casado en Italia y otros lo hicieron en estas tierras.Transcribo datos de los cuatro hermanos que vinieron de Italia y sus familias. Los recopilamos con Susana Genco de Argaña hace unos cuantos años. Ahora fueron comparados con la información que gentilmente me enviara, hace poco, Guillermina Pinciroli. Encontramos pequeñas diferencias. Si el lector detecta algún error, favor de escribirnos, así vamos depurando el trabajo.
Saverio (Severo, nacido 1830) casado con Nicolina Russolino
hijos:
![]() |
Vicente Fittipaldi |
Francisco
Concepción con Juan Bautista D´Alesandro
Humberto con Melo
Vicenta con Francisco Armando
Giussepe
Vicente
María Ana
Vicenzo (Vicente, nacido 1836) casado con María F. Santa Marino
![]() |
Flia. Fittipaldi de Gral. Alvear |
hijos:
Francisco con Amelia Rodríguez (General Alvear)
Rosa con Antonio Carluccio
José María
Floro con Angélica Vivas
![]() |
Floro |
Filomena
Gioacchino (Joaquín, nacido 1847) casado con Filomena Marino
hijos:
Francisco con Antonia Grosso
María con Santiago Arrigoni
Isidora con José Binda
Juan con Rosa Fittipaldi
Filomena con Nicolás Lanaro
Lucía
Vicente
José Artista con Antonia Capdevila
Pablo con Gregoria Orlando
Doménico (Domingo, nacido 1848) casado con Ernestina Peralta
Francisco con Casilda López
Ernestina con Aurelio Cueto
Rosa con Antonio Genco
Basilio
Domingo
Ramona con Jesús Fernández
Balbina
Juan con Ana Milioni
Sebastiana
Certificados traídos de San Severino Lucano
![]() |
Partida de Nacimiento del abuelo Joaquín Fittipaldi |
![]() |
Acta de casamiento del abuelo Joaquín Fittipaldi |
El Humor de los Fittipaldi
Los Capdevila
Antonia Capdevila, también había nacido en Tapalqué, el 2 de setiembre de 1898, hija de Sabiniano, y de Trinidad Barraza (1868); de Las Flores. Sabiniano Capdevila era hijo de Nicolas Capdevila y Rosario Pavón y Trinidad Barrazza hija de Juan Barraza y Vicenta Porcel. Los Capdevila habían venido de Córdoba traídos por un hermano que trabajaba como mayordomo en una estancia. El primer Capdevila vino a estas tierras, en tiempos de la Colonia con el Dr. O’Gorman cuando se creó el Protomedicato del río de La Plata.
![]() |
Vicenta Porcel de Barraza |
-Lo que yo no entiendo mamá, es por qué los domingos nos tenemos que levantar a las 7 de la mañana si no vamos a la escuela y la misa empieza a las 10.
Y ella contestaba muy feliz:
-¡Ah …porque somos criollos, hija!
Si bien con los años entendí la respuesta, para mi corta edad, la explicación era incomprensible.
![]() |
Abuela Trinidad y Antonia Capdevila |
A mamá muchos le llamaban María Antonia. Solía contar que cuando ella nació la abuela Trinidad le había elegido como primer nombre María y dejo el otro nombre para que lo eligiera el abuelo Sabiniano, Cuando el abuelo la fue a anotar al Registro Civil, se olvidó el nombre y el Antonia lo sacó el almanaque.
Todos creyeron que además de María le había puesto Antonia. De allí nació la confusión.
Por aquel entonces en muchos lugares del campo, no existían escuelas rurales cercanas, donde podían concurrir los niños en edad escolar. Ante esa carencia, las familias contrataban a personas capacitadas para que se instalaran en el campo y les enseñaran a los hijos. Si bien mamá no había llegado a la edad escolar iba a la clase de oyente, con tal entusiasmo, que terminó a fin de año a la par de sus hermanos. Solía contar que en una oportunidad dibujó en el pizarrón la figura del maestro. Parece que muy bien no le había salido porque cuando entraron a clase y el maestro averiguó quien lo había dibujado la puso en penitencia, pero mamá no quedo conforme y decía : “si yo no era su alumna”.
![]() |
Clementina Capdevila y Demetrio Stanciuk e hijos |
Mamá era una apasionada de la lectura como fuente del conocimiento y toda nuestra familia tenía bien en claro que el trabajo y la escuela eran los únicos caminos para progresar en la vida.
La familia de Marica
![]() |
Marica, Juana, Cristóbal y Feliciano |
![]() |
Carmelo y Miguel Herrera |
“Tiempos de la Quinta Vieja”
Tiempos del matadero municipal
![]() |
Juanita, Marica, José y Lucho |
Reuniones familiares
![]() |
Marica y su acordeón |
![]() |
Familia Sierra |
Tiempos de Cambios
![]() |
Mela en la esc. N°7 |
![]() |
Con Juanita y Coqui, la cordera que me entregaron como premio en el catecismo |