miércoles, 3 de octubre de 2012

Las inundaciones y las sequías en la Provincia de Buenos Aires

Última estampa
Cuando bajó el agua, retornamos a nuestra casa, pero ya no éramos los mismos que habíamos partido. Vivir una experiencia de esta naturaleza, nos hace comprender las limitaciones y la finitud del ser humano. Todos éramos conscientes que si el agua no se hubiera detenido esa noche en el último escalón e hubiera ingresado a la Escuela, las consecuencias hubieran sido otras. Mamá y tía Juana afrontaron la inundación  con la inteligencia, el coraje y la dignidad que las caracterizaba, como lo hicieron  siempre en el transcurso de sus vidas. 
Mientras nosotros procurábamos organizar nuevamente la casa, Tía Juana se dedicaba a construir con algunas maderas, un sistema propio para controlar si el agua volvía a subir. ¡Todo había vuelto a la normalidad!
Afortunadamente -o no- pareciera que, cuando el agua se retira, se lleva todos los momentos desagradables, por eso se pueden rescatar estos recuerdos desde el fondo de la memoria.     


LAS SECAS Y LAS INUNDACIONES EN LA PROVINCIA BUENOS AIRES - Florentino Ameghino     
*"Hase visto en los precedentes párrafos que la plantación de árboles debería desempeñar un papel importantísimo en los trabajos que se emprendieran tendientes a evitar las sequías y las inundaciones, porque bien dirigidas pondrían un pronto término al rápido proceso de rellenamiento de las lagunas, al ensanchamiento de los cauces de los ríos y a la denudación y esterilizamiento de los campos vecinos.  

 La influencia benéfica de las arboledas en las márgenes de los ríos, lagunas y canales, se haría sentir sobre todo por la resistencia que opondrían a la fuerza erosiva y de transporte de las aguas. Pero para obtener mayores resultados y de un carácter más general, que contribuyan a modificar en un sentido ventajoso las condiciones físicometeorológicas de la comarca, sería preciso extender las plantaciones al interior de la llanura sobre vastas superficies, creando bosques artificiales, que con el tiempo constituirían igualmente una de las grandes fuentes de riqueza de la Provincia.

 Pero para la formación de esos bosques artificiales deberán estudiarse cuidadosamente las localidades para ello más apropiadas, pues no todas ofrecen las mismas ventajas e inconvenientes; y ese sería el momento de poner a contribución los resultados de las nivelaciones que actualmente se practican, que serán igualmente indispensables para la ejecución del conjunto de medidas que he enumerado rápidamente.

 En efecto: de las consideraciones expuestas en el curso de esta disertación se desprende claramente que las arboledas en los puntos bajos serán de poca o ninguna utilidad, y más bien perjudiciales, porque impedirían aprovechar esos campos para el pastoreo, para lo cual son los más a propósito por tener bastante agua y sufrir poco con las sequías. Drenados, son campos incomparables para la cría de ganado.

 Se deberá, pues, tratar de restringir en lo posible las plantaciones de arboledas en los puntos bajos, limitando a aquellas indispensables en las márgenes de los ríos, arroyos, canales y lagunas, para impedir el rellenamiento por la denudación de las aguas pluviales y para favorecer con ellos la conservación de las barrancas y por consiguiente los límites naturales o artificiales que se les den a los cauces.

 Para la creación de bosques artificiales deberían elegirse terrenos elevados, donde facilitarían la permeabilidad del subsuelo para que en él se infiltraran las aguas llovedizas, fertilizando de ese modo no sólo las localidades elevadas sino también los puntos bajos, y no permitirían la denudación de la superficie del terreno por las mismas aguas, impidiendo que ellas corran con demasiada rapidez a los cauces de los ríos o a los canales. En los puntos elevados, las arboledas tendrían mayor influencia sobre los vapores acuosos suspendidos en la atmósfera, facilitando las precipitaciones meteóricas, servirían igualmente de abrigo al resto de la llanura cortando a su paso los vientos demasiado fuertes, impedirían que los vientos fríos hicieran descender la temperatura de un modo tan repentino como ahora suele suceder y neutralizarían en algo los efectos de los vientos demasiado secos y cálidas que queman rápidamente la vegetación herbácea y evaporan la humedad del terreno con una rapidez sorprendente.

Esas mismas arboledas podrían disponerse formando cuadros y en las   proximidades de las lagunas formando rodeos alrededor de éstas; cuadros y rodeos que, cuando los árboles fueran ya crecidos, podrían aprovecharse unos para tener las majadas y las haciendas al abrigo de las intemperies de una llanura desnuda; otros para el cultivo de hortalizas y árboles frutales y los demás como campos de pastoreo reservados, de manera que cuando los animales hubieran concluido con los pastos de un cuadro, serían pasadas a otro dejándose descansar los campos del primero, lo que favorece de un modo notable el crecimiento de la yerba, sistema generalizado en los países donde la agricultura y la ganadería están en progreso por cuanto se refiere a sus métodos de explotación y en todas partes con los mejores resultados.

 Ciertos puntos bastante elevados, sin embargo, y que están dispuestos formando mesetas horizontales con campos aptos para el pastoreo, aunque por su nivel fueran ya indicados como puntos adecuados para la creación de bosques artificiales, deberían reservarse más bien para la cría de ganados, formando las arboledas en los declives de las mesetas, allí donde el agua corre con fuerza hacia abajo llevándose el terreno vegetal y dejando a descubierto el pampeano rojo.

 Esas superficies denudadas que se presentan con demasiada frecuencia para que no haya de ocuparme de ellas, tanto en las laderas de las lomas o en los declives de las mesetas, como en los declives de los valles de los ríos y los arroyos, son espacios completamente inadecuados para la agricultura y el pastoreo a causa de la desaparición de la capa de tierra vegetal que les cubría en otros tiempos. Para que los cultivos pudieran dar en ellos buenos resultados, sería necesario impedir que las aguas continuaran denudándolos, removiéndolos con frecuencia durante un cierto número de años hasta que la vegetación fuera poco a poco invadiéndolos, meteorizándose la tierra y convirtiéndose en terreno vegetal.

 Para la creación de los bosques sería así más acertado elegir esos puntos denudados por las aguas, que siendo por el momento inútiles tanto para el pastoreo como para la agricultura no lo son para la prosperidad de los árboles, pues el limo pampeano solo se deja penetrar fácilmente por las raíces de éstos y encuentran en él los materiales necesarios para crecer con la misma rapidez o poco menos que en los puntos donde existe la capa de terreno vegetal.

Hay en la provincia Buenos Aires otros espacios de terrenos igualmente inútiles para la agricultura y para el pastoreo, que también deberían aprovecharse para la plantación de arboledas, utilizándolos en algo provechoso y de indiscutible utilidad para el resto de la Provincia. Me refiero a la ancha zona de arenas movedizas que se extienden a lo largo de la costa del Atlántico y a las formaciones arenosas y a los médanos a veces también movedizos que se encuentran desparramados hacia el interior en distintos puntos de la pampa.

Los depósitos arenosos, particularmente en forma de médanos, adquieren en la llanura argentina un desarrollo colosal, extendiéndose no tan sólo sobre la costa sino también en el interior de la llanura hasta el pie de las cordilleras.

 El origen de los médanos es bien conocido: ellos son el resultado de la acumulación de la arena fina que las olas arrojan a la costa y que luego los vientos empujan al interior de las tierras. Así se han formado los de las costas del Atlántico, y por materiales arrojados a las playas por las aguas; de las lagunas actuales o de otras desaparecidas, los que se encuentran tierra adentro a grandes distancias del océano.

 Las arenas movedizas de la costa del Atlántico son las que sobre todo asumen caracteres alarmantes, convirtiendo en desiertos a vastas zonas de terreno, oponiendo barreras al libre curso de las aguas que impiden a menudo su desagüe en el océano y avanzan continuamente tierra adentro llevando la esterilidad a los campos.

 Hace más de un siglo que el mismo fenómeno preocupó la atención pública en Europa; los Gobiernos mandaron estudiar la marcha invasora de la arena y los comisionados se expidieron aconsejando las plantaciones de árboles que impidieran su avance al interior y el cultivo de ciertos vegetales que facilitaran su consolidación. Hoy la prolongada costa de Gascuña, que hace un siglo eran desiertos cubiertos de arenas movedizas, es una inmensa selva de pinos que produce anualmente millones de francos de beneficio.

 ¿Por que no tratar de hacer aquí otro tanto con esa inmensa sabana arenosa que ya alcanza en algunos puntos un ancho de varias leguas y marcha tan rápidamente al interior que se han visto altas y anchas colinas de arena internarse hasta cerca de dos leguas tierra adentro en el corte espacio de un año?

 Esto debe preocuparnos con tanta mayor razón cuanto que en las épocas de grandes sequías, los vientos fuertes que se levantan a menudo entonces en forma de huracanes, levantan a arena suelta y la transportan a considerables distancias hasta que cae unas veces en terrenos que teniendo ya demasiada arena no hace más que esterilizarlos y otras en el agua de las lagunas, contribuyendo así a su llenamiento.

 Los médanos que se encuentran en el interior de la llanura están en gran parte consolidados; pero a pesar de eso, en estaciones muy secas los vientos hacen sentir sobre ellos su acción y en épocas lluviosas las aguas atacan a menudo sus flancos, poniendo a descubierto la arena que el viento remueve y transporta en todas direcciones.

Esos médanos consolidados sobre los cuales los vientos han perdido su acción, deberían aprovecharse para la plantación de arboledas; y aquellos que todavía son movedizos deberían encerrarse dentro de un círculo de árboles que impidiesen que los vientos continuaran modificando sus contornos y luego proceder a su consolidación por medio de la plantación de vegetales apropiados, para cubrirlos a su turno de árboles después que la consolidación estuviera ya avanzada.

Quédame por decir algunas palabras aún sobre un punto que en las páginas que proceden no he hecho más que mencionar de paso: los canales de navegación.

 Parece que se proyectan en grande escala, y no es de mi competencia emitir juicio sobre su practicabilidad y utilidad. Bástame recordar, al poner término a este trabajo, que en él no se halla una sola línea que se oponga a su construcción, ni tampoco se oponen a ellos ninguna de las medidas que he indicado deben adoptarse para el mejoramiento de las condiciones físicomoteorológicas de la pampa. Lo que combato como una medida de resultados desastrosos, que traería bien pronto la desvalorización completa de los campos por donde cruzaran, son los canales de desagüe sin límite y también los canales de navegación si ellos debieran servir a la vez de desagüe continuo y rápido de las aguas pluviales de la pampa; pero de ninguna manera los que pudieran servir como obras de retención de las aguas llovedizas.

 Los canales de navegación deben ser considerados principalmente bajo su faz económica. Si para el transporte barato de las mercancías extranjeras y de los frutos del país aventajan a los ferrocarriles, constrúyanse canales que sirvan para la navegación pero que no contribuyan a la desecación de la pampa.

 Canales de navegación que no sirvan de desagüe sino en casos de excesiva abundancia de agua, cuantos más se construyan tanto mejor. En efecto: si la Provincia puede ser cruzada con un cierto número de canales de gran longitud que reciban el sobrante de las aguas pluviales y de las lagunas y aun de ciertos ríos en épocas lluviosas, y ellos tuvieran un declive apenas sensible de manera que las aguas fueran a desaguarse en el mar con suma lentitud, en vez de hacerlo con la rapidez con que ahora lo hacen, es evidente que dichos canales tendrían que retener en la llanura un inmenso volumen de agua en circulación lenta, de manera que tendría que infiltrarse en el terreno fertilizándolo poco a poco, es decir, produciendo los mismos beneficios que las lagunas naturales o artificiales; y en muchos puntos podrían hacer innecesaria la construcción de las últimas.

 Cubrir la llanura bonaerense de represas, estanques y lagunas artificiales combinadas con canales y plantaciones de arboledas en grande escala sería indudablemente una obra más colosal que la proyectada de desagüe simple e ilimitado, pero de resultados benéficos, que permitiría un enorme desarrollo de la ganadería y la agricultura, que ya no estarían expuestas a los azares de las inundaciones y las sequías y aumentarían de un modo extraordinario el valor de las tierras en beneficio privado y de la comunidad; mientras que el proyecto de desagüe simple e ilimitado no tan sólo no reportaría tales ventajas, sino que por razones que he expuesto y repetido quizá por demás, ha de dar resultados desastrosos.

 El proyecto de mejoramiento de la pampa que me he limitado a exponer en sus grandes líneas, no sería sin duda una obra que pudiera ejecutarse en unos cuantos años; pero si cada propietario de grandes áreas de campo, en vez de dejar llevar a las peonadas una vida de holgazanería durante una parte considerable del año, las obligaran a reducir dentro de estrechos límites los bañados de sus campos cavando estanques artificiales con plantaciones de árboles en derredor y con la tierra que removieran hicieran nivelar y levantar el resto de los bañados; y si, por otra parte, los Gobiernos ayudaran esos trabajos estimulando a los propietarios que más se distinguieran en ellos dedicándoles a esas obras recursos especiales, es seguro que al cabo de veinte años habrianse modificado favorablemente las condiciones físicoclimatológicas de la llanura.

Vastas zonas de terrenos anegadizos serían entonces aprovechables; los terrenos altos, expuestos ahora a las grandes sequías, estarían sembrados de numerosas lagunas de agua permanente, de modo que nunca se sentiría su escasez; las aguas de los puntos elevados, en vez de precipitarse a los bajos se reunirían en depósitos artificiales de donde se infiltrarían poco a poco en el terreno, fertilizando los campos circunvecinos en vez de desaparecer tan rápidamente como sucede ahora; y por medio de canales podrían ser aprovechables para la irrigación y la navegación, o en la industria como fuerza motriz; la mayor infiltración de las aguas su constancia durante todo el año haría subir las vertientes, que serían igualmente más caudalosas, de modo que los ríos y los arroyos en vez de disminuir el caudal de sus aguas, como ahora sucede, lo aumentarían notablemente; la grandísima cantidad de agua reunida en esos estanques no presentaría una superficie bastante extensa para producir una evaporación extraordinaria en un breve espacio de tiempo, pero ella sería más regular durante todo el año, lo que, conjuntamente con las arboledas, haría que las precipitaciones acuosas, particularmente forma de rocío, fuesen más regulares que no lo son ahora, evitándose así tanto los períodos de intensa sequía como las inundaciones periódicas, que actualmente son el azote de una parte considerable de la Provincia.

He procurado exponer de una manera rápida cuál debería ser la solución del problema antes formulado. Puede ser que esté en error; pero de cualquier modo que fuere, me daré por muy satisfecho si con lo dicho consigo despertar la atención de los interesados hacia las proyectadas obras de desagüe ilimitado y simple. Y se está dicho que al decir interesados me refiero a los propietarios de las grandes áreas de terreno que sufren de las inundaciones, amenazados, a mi entender, con otra calamidad mayor, que sería la sequía y la esterilidad de los campos.

Vosotros que sois los interesados de una manera más directa, meditad sobre las consideraciones que dejo expuestas en las páginas precedentes; y si no queréis exponeros a resultados imprevistos de consecuencias gravísimas, antes de que se emprendan las proyectadas obras de desagüe reclamad del Gobierno el nombramiento de una comisión de ingenieros, geólogos, botánicos y profesores de física para que informen sobre los cambios geológicos, físicos y climatéricos que un desagüe ilimitado y continuo de los campos anegadizos puede producir en la provincia bonaerense y sobre las medidas que deberían adoptarse para evitar las sequías y las inundaciones. Ese informe ilustrará a Gobiernos y particulares. Por él se debería haber empezado; y sólo en vista de él se podrá juzgar de los beneficios y perjuicios que reportaría la conducción rápida de las aguas pluviales al océano.

Por mi parte, me había propuesto juzgar la cuestión desde el punto de vista puramente geológico, que es el único de mi competencia; pero el problema está tan íntimamente ligado a hechos físicomoteorológicos, que he tenido a menudo que salir de mi terreno Por esto pido disculpa a mis lectores, rogándoles quieran creer que sólo me ha guiado el deseo de ver fértiles, ricas, prósperas y pobladas estas bellas llanuras porteñas en las cuales he nacido y me he criado, recorriéndolas desde niño y a cuyo estudio geológico he consagrando la mayor parte de mi vida Buenos Aires."
Florentino Ameghino
 Mayo 18 de 1884.

 Y así concluimos la publicación de este documento de Ameghino que tiene el valor de analizar el problema de las sequías e inundaciones de la provincia.,en forma integral. Como lo hemos dicho varias veces en estos pequeños comentarios, seguramente, en la actualidad existen otras propuestas acorde al progreso de la ciencia y de la técnica. La diferencia reside en que, mientras la propuesta de Ameghino está a disposición de quien lo quiera leer, poco se sabe de los proyectos que tiene, en la actualidad, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para evitar que los pueblos se sigan inundando.

GSF   

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