jueves, 11 de octubre de 2018

Tiempos criollos

Hoy a través de Facebook pude leer un relato de una escritora de General Alvear Lis Solé, titulado CAPATAZ DE TROPA  -Trabajo honrado que nunca será olvido-  por Lis Solé, muy interesante y bien documentado que le recomiendo a quien le interese nuestro pasado criollo. 
Me hizo recordar a los tiempos en que -acompañada con Carlitos- juntábamos a don Cristóbal Capdevila  y a don Juan Escudero, antiguos reseros que contaban historias inolvidables. Y me quedó rondando en la memoria este poema de Boris Elkin, escritor tradicionalista con varios libros publicados. Cito algunos libros de versos "Al badajear del cencerro"; de "Sangre pampa"; "Diciendo en décimas"; "Campo de ayer"; "Como palo a pique"; "Del mismo pelo", entre otros. No estaría mal que se recomendara su lectura a la gente joven para que tengan una idea  de la multiplicidad de de principios, causas, componentes que tiene nuestra nacionalidad y que sin duda orientan de  donde venimos y hacia donde deberíamos ir... GSF.      
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ROMANCE PARA UN ARRIERO

Tan fiel conservo tu estampa,
tu estampa gaucha, resero,
que a veces yo me pregunto
si es verdad que te recuerdo
o es que te llevo en el alma
como la vaina al acero.
La admiración que sintiera
por ti en mis tiempos primeros
es la misma admiración
que hoy siento llegando a viejo.
Yo sé que es mucho pedir
pintarte de cuerpo entero,
pero valga la intención
que pongo al hacer los versos.
¿Tu nombre? don Ezequiel,
don Zenón, don Anacleto…
(¡Qué bien quedaba ese “don”
nacido de mi respeto,
cuando yo te saludaba
echando mano al chambergo!)
¿El apellido? Giménez,
Navarro, Gauna, Requejo,
Godoy, Quiroga, Ramírez,
Roldán, Lavarga, Peredo
(que los nombres se hacen gauchos
según quien los lleve puesto).
Me basta cerrar los ojos
para encontrarte de nuevo
montado sobre un lobuno,
sobre un zaino, un lunarejo,
un “colorao sangre’e toro”,
un alazán o un overo,
(que el pelo tampoco le hace;
todo es la mano del dueño).
Me basta reconcentrarme
para salir a tu encuentro
por esos largos caminos
donde mis ojos te vieron.
Resero de bota y poncho,
blusa, bombacha y pañuelo,
que nunca saldrá de pobre
porque le sobra con eso.
Yo te siquiera pintar,
pintarte de cuerpo entero,
pero me faltan palabras
para pintarte por dentro.
Nacido para el camino,
es tu destino, resero,
un eterno ir y venir;
un ir y venir eterno.
Plumón de cardo pampeano
que va enancado en el viento,
apenas tenés querencia
que haga apurar el regreso:
tu vida es estar llegando;
estar llegando y partiendo.

Triste destino es el tuyo:
nacer y morir  resero;
ir enhebrando distancias
siempre detrás del arreo,
como quien va inútilmente
queriendo alcanzar un sueño.

¡Nacer y morir arreando!
¡Nunca tuyo! ¡Siempre ajeno!

Versos de Boris Elkin

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