lunes, 25 de enero de 2010

EL AJUAR DEL SEPARADO *** Beba


En épocas pasadas, a todas las jóvenes las educaban para ser madres y futuras amas de casa, obedientes de sus maridos, seguidoras como perros fieles atados a una cadena, aguantadoras de ley, como las alpargatas Rueda y Luna…

Por lo mismo, a una cierta edad, nos enseñaban a coser, bordar, cocinar, y armar el ajuar con el que cargaríamos, si conseguíamos un marido pobre, honrado y trabajador.

Pasamos horas y horas mientras escuchábamos en la radio los novelones que interpretaban Alfredo Alcón y Violeta Antier, mientras nuestras manos hilvanaban sueños de una casa llena de hijos, donde el hombre honrado y laburante pondría además su cuota de ternura y de seguridad.

Y cuando la casa estaba armada, igual que los horneros, por ley de la vida, construíamos un nido.

Pero los tiempos cambian, las personas no son lo que soñamos, y mientras el nido se descascara, vemos como se vuelan nuestras ilusiones y nos quedamos solos, con las manos vacías.

Sí, porque a ninguno se le ocurrió pensar en el ajuar del separado.

Yo viví esa experiencia y recuerdo con humor, de qué manera, mi hermana, mi cuñado y mis dos tíos, me ayudaron a armarlo: Una enorme mesa, dos sillas plegadizas (una de las cuales tenía la virtud de mordernos el trasero), un taburete que construyó mi tío Orfel en una siesta, en su taller al estilo “Giro sin tornillos”, un anafe, un ropero de dos cuerpos, una cama que compró mamá en un negocio de muebles usados y un elástico de cama , apoyado sobre cuatro bloques de ladrillos.

Los primeros platos y cubiertos para cada una de nosotras, mis dos hijas, mi madre y yo, una olla grande, un balde, un fuentón …y paro de contar, porque de a poco fuimos agregando al ajuar del separado algunos elementos, conforme mejoraba nuestro presupuesto.

Pero no recuerdo haber comido mejores tallarines que los que mamá coló en un recipiente de plástico al que le hizo varios orificios con un clavo caliente, ni mejor navidad que la que pasamos, cuando cortamos una rama de pino verde que adornamos con papeles metalizados…

Ni calor más intenso que el de nuestra estufa de kerosén.

Ni agua más fresca que la que sacábamos con la bomba en todas las casas que tuvimos que alquilar y desalojar once veces…

Será por eso que mi mobiliario es escaso.

No ha de ser porque pienso que lo voy a perder, sino porque no lo necesito.

Si algo bueno me enseño la vida es tomar las cosas con humor.

No porque sea delirante o lírica, como una vez me dijeron, sino porque a pesar de todo, tengo los pies sobre la tierra.

BEBA LAPASTA

3 comentarios:

Cristina Molloy dijo...

Me acuerdo cuando armabas tu ajuar de separada, pero con que altura (no la real tuya) estuviste con tu madre, educaste tus hijas y trabajaste para mejorar, hoy, me alegra tanto verte como estás, me alegra encontrarme con vos y reirnos un rato. Te merecés lo mejor en la vida y creo que lo mas importante es estar bien. Un enorme beso Cristina

BEBA dijo...

Gracias, compañera de tantas trayectorias!
Otro beso grande para vos.

Teresa dijo...

Largo camino has recorrido amiga. Sos dueña de tu libertad, tranquilidad, alegrías y felicidad presente. Seguirás con poco mobiliario pero tu casa está llena de alegría!!! y me gusta ir a tomar mate con vos.